Julio Aliaga Lairana

¡Oh sorpresa, oh!

Guardado por Julio Aliaga Lairana en su diario a las 8:18 am del Viernes, 26, 06, 09

De tanto criticar, uno se acostumbra. Pero !Oh sorpresa, oh! suelen haber cosas buenas.

Tengo que contarla.

Ayer fui resignado a tramitar un duplicado de mi licencia de conducir. Resignado como siempre que se acerca uno a las oficinas y los trámites estatales, con el vuelvase mañana o el peor aún, se necesita un “impulso procesal”.

Llegué, solicité información, me pidieron dos fotocopias. Presentadas tuve que ir a solicitar mis antecedentes a la sección archivos y pagar 50 Bs. en una caseta de banco habilitada allí mismo. Me enviaron a que me tome una fotografía y luego ¡zas! me entregaron el duplicado.

Una hora y media de trámites, sin salir de las oficinas de Tránsito, sin pagar coimas.

Felicidades, al fin algo bien hecho.

Caras vemos y proyectos no sabemos

Guardado por Julio Aliaga Lairana en su diario a las 8:33 am del Viernes, 19, 06, 09

Hace tres años y medio, cuando Evo Morales fuera ungido Presidente de la República de Bolivia (en ese entonces había una República) y líder de los pueblos indígenas del Planeta Tierra (aún no era, como ahora, el Libertador), me preguntaba, por cuánto tiempo y para qué, tendríamos que jugar el rol de oposición, ante el empeño de “quedarse los próximos quinientos años” como decían Él y sus seguidores.

“¡Para construir un proyecto alternativo!” susurramos algunos, hasta con ilusión. Veníamos saliendo de un sistema de partidos corrompido por excluyentes, a pesar de que cumplían a cabalidad los pactos acordados entre ellos, un grupo de más o menos ricos, viejos, machos, blancos y conservadores, que le impedían avanzar al país. Por eso Evo Morales llegó con aires de renovación y cambio.

Sabíamos y lo escribimos con detalle, que a cambio de la pasada “oligarquía política” de cien familias que administraban los viejos partidos, llegaba al gobierno, un grupo de dirigentes enquistados en organizaciones corporativas, con mentalidad agrario-campesina, comprometidos ideológicamente con este populismo etnonacionalista, tan hábil en sus artes discursivas y tan poco útil para el desarrollo nacional y la lucha contra nuestra marginalidad y pobreza en el mundo.

Era momento para pensar en un proyecto alternativo. Alternativo a lo que se fue, rechazado por un pueblo que no quiere más la exclusión y los privilegios espurios del pasado. Alternativo a lo que llega, como que el pueblo se desilusionaría de a poco –decía yo– del autoritarismo masista que, en representación de los pobres, marginados y desarrapados del mundo, no podría gobernar como si fueran tan educados, democráticos y eficaces, como la aristocracia inglesa, por decir algo. Y tal cual, llegó el Jefe de la Tribu y comenzó a mandar… a palos, y es que no sabe hacer otra cosa.

Se trata de organizar “algo” que sea distinto, democrático, participativo, moderno, equitativo. “Algo” que cuando los ciudadanos lo “toquen”, sientan que es diferente. Entre otras cosas, debe contener en su seno las condiciones que prefiguren el futuro, debe ser lo que promete hacer. Por eso no puede hacerlo la derecha, por muy democrática que sea y por muy necesaria, por eso el lugar del proyecto alternativo está del centro a la izquierda, entre el liberalismo social y el socialismo democrático, me atrevo a repetir. Diciembre del 2009 no es momento del proyecto alternativo. La oposición es un lugar donde conviven quienes fueron desplazados del poder, junto a quienes buscan construir la alternativa; hay demasiado “ruido” para entendernos. Como en el Gobierno, donde conviven los nuevos que llegaron al poder, con los viejos que se acomodaron para sobrevivir como pudieron, también hay demasiado ruido.

Hay que hacer lo que hay que hacer y a su debido tiempo, sin desesperarse: una plataforma (un nuevo tipo de partido político) en red, donde todos seamos iguales (por encima de las razas, lo orígenes, los sexos, las edades), pero de verdad, no de boquita para afuera; donde las decisiones se consulten; un lugar donde la autoridad adquiera legitimidad democrática como para mandar y representar genuinamente (donde los dirigentes y candidatos se elijan, con voto, en igualdad de condiciones). El proyecto alternativo no es un programa alternativo, sino una manera de ser: es la reforma intelectual de la política en democracia.

Lo que hay que hacer con urgencia es la unidad. Quienes piensan que es mejor que la oposición presente sus matices en varias candidaturas, nos colocan ante la posibilidad de que el etnonacionalismo autoritario del MAS se haga con una mayoría suficiente para imponer sus designios desde la hegemonía asamblearia que tienen en mente, y no quede oportunidad para el proyecto de nadie. Si no hay unidad ahora, podría no haber proyecto mañana. En manos de quienes se dicen candidatos está ahora la forja de la unidad; en manos de la ciudadanía, está la responsabilidad del proyecto en un próximo futuro.

EVO MORALES Y LA OLA NEOPOPULISTA

Guardado por Julio Aliaga Lairana en su diario a las 10:09 pm del Sábado, 13, 06, 09

Ricardo Paz Ballivian
ricardopazb@gmail.com

Un fantasma recorre América Latina, es el fantasma del Neopopulismo. No se trata de un visitante nuevo, ya lo recibimos y padecimos en varias ocasiones. Esta vez viene encarnado en las figuras características de Hugo Chávez, Rafael Correa, Manuel Zelaya, Fernando Lugo y Evo Morales. No se debe confundir a estos personajes ni al fenómeno político con el viraje hacia la izquierda democrática que parece estar dando el continente. Lula, Tabaré Vásquez, Bachelett, etc., poseen una adscripción inequívoca a las prácticas democráticas, mientras que Chávez y Morales, como antes Fidel Castro y Daniel Ortega, solamente utilizan las formas democráticas para consolidar su poder e instaurar gobiernos autoritarios y sin disidencia política que los amenace.

Evo Morales ganó las elecciones generales de Bolivia, en diciembre de 2005, con el 54% de los votos válidos en primera vuelta, arrasando prácticamente a toda la partidocracia tradicional, en un evento que no se producía desde 1966. Este singular resultado se produjo por la insensatez de las élites políticas y económicas bolivianas que combatieron con saña al gobierno social demócrata de Carlos Mesa y que terminaron de hartar a la población, en su pretensión por mantener un estado de situación injusto, desigual, excluyente y racista.

Los grupos de poder en Bolivia, que desde siempre se sienten dueños del país al tiempo que lo desprecian, conspiraron abiertamente contra Carlos Mesa hasta forzar el adelantamiento de elecciones y el consecuente acortamiento de mandato del Presidente y el Congreso Nacional. Actuaban persuadidos de conseguir la victoria aplastante de Jorge Quiroga Ramírez, ex Presidente el año 2001, basados en la peregrina idea de que Evo Morales era absolutamente inviable para la comunidad internacional y para los factores de poder interno en Bolivia.

El pueblo boliviano, cansado e indignado de las maniobras de los políticos tradicionales, votó masivamente a favor de Evo Morales en una demostración, más que de militancia política o ideológica, de un estado de ánimo colectivo pesimista e iracundo.

La composición del voto por Evo Morales, como lo demuestran estudios posteriores, fue muy heterogéneo. Votaron por el dirigente cocalero quiénes se adscribían a su proyecto político de manera consciente en aproximadamente un 20%, otro 20% lo hizo pensando que solamente así se garantizaría paz social y culminación de la inestabilidad política y, finalmente, un 15% emitió su voto de manera perversa, anticipando un gobierno caótico, débil e ineficiente, que sepulte para siempre las aspiraciones políticas de Evo Morales.

Así y todo, el 54% que obtuvo el MAS no reflejó una votación uniforme en el país y más bien demostró de manera muy evidente el cisma regional que atraviesa Bolivia. Evo Morales venció en los cinco Departamentos de Occidente (La Paz, Oruro, Cochabamba, Potosí y Chuquisaca), mientras que PODEMOS de Jorge “Tuto” Quiroga ganó en los cuatro de Oriente (Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando). El resultado final, además, le dio mayoría al MAS en la Cámara de Diputados, pero no le alcanzó para dominar el Senado de la República.

El análisis sociológico del voto muestra también que Bolivia se partió prácticamente en dos: los pobres y los más pobres con el MAS y las clases medias y los menos pobres con PODEMOS, Unidad Nacional del magnate del cemento Samuel Doria Medina y el MNR de Gonzalo Sánchez de Lozada (en Bolivia los ricos son estadísticamente insignificantes en relación al voto).

La pregunta que hoy nos hacemos los bolivianos es si se repetirá la situación que acabamos de describir cuatro años después, en diciembre de 2009.

Mi percepción es que en el MAS no lo saben todavía, pero perderán las próximas elecciones generales de diciembre. Las perderán por varias razones de las cuáles vamos anotar algunas.

En primer lugar porque a esta altura ha quedado claro que ellos no representan la inauguración de una nueva etapa en la historia nacional, sino el último eslabón de un sistema que se cae a pedazos y que se inauguró en 1952. No son los primeros del nuevo paradigma sino los últimos del viejo y agonizante Estado del nacionalismo revolucionario.

En segundo lugar porque desaprovecharon la oportunidad de cristalizar el proceso institucional de reconstrucción del contrato social inaugurado por Carlos Mesa, tergiversando la Asamblea Constituyente al extremo de instrumentalizarla como un proyecto político partidario y no como el proyecto nacional incluyente que debió ser.

En tercer lugar porque la ineficiencia en la gestión de la cosa pública está comenzando a cobrar factura, luego de tres años de bonanza desaprovechada. La carestía cotidiana, el desabastecimiento de carburantes, el desempleo creciente, la inflación galopante y la devaluación artificial y costosamente contenida, constituyen un cóctel explosivo que está a punto de estallar.

En cuarto lugar porque la desinstitucionalización ha llegado a un extremo tal, que la próxima parálisis del Poder Judicial convertirá la anomia social en la que estamos, en una peligrosa diáspora en la que el gobierno de las leyes será reemplazado por la dictadura de los más fuertes. La indefensión del ciudadano de a pie, respecto de los grupos corporativos, generará una situación insostenible.

En quinto lugar porque la confederación de minorías eficaces que es el MAS, ante la cercanía de las elecciones particulares (senadores, diputados uninominales, prefectos, alcaldes y concejales), dará paso a una irreversible y cruenta lucha de facciones interna de la cual ellos mismos serán los principales damnificados.

En sexto lugar porque los “ideólogos” del MAS o ya no están en el esquema partidario y de gobierno o definitivamente han perdido la brújula y repiten la consigna del “proceso de cambio” sin contenido y sin nuevos aportes que intenten explicar lo mucho que se parece este proceso a la UDP y a los llamados “gobiernos neoliberales”.

En séptimo lugar porque la oposición política ha dejado su letargo y sus complejos y ha empezado a organizarse en diversas opciones, con una energía y una respuesta popular, que ha sorprendido a sus propios promotores. Sin duda se ha perdido el miedo y se comienza a disputar con vigor la iniciativa al partido de gobierno.

En el MAS no lo saben todavía, pero perderán las próximas elecciones generales de diciembre. Lo único que podría evitar aquello es que, cuando se den cuenta, intenten desesperadamente alguna triquiñuela para evitar los comicios. En ese caso la caída será más estrepitosa, aunque seguramente más costosa y dolorosa para el sufrido pueblo boliviano.

Bolivia, a muy corto plazo, podría volver a verse inmersa en una severa crisis política debido a los afanes monopólicos del MAS y la vocación autoritaria de Evo Morales. Todo ello porque con la elección hace cuatro años del caudillo cocalero no solamente que no se ha resuelto la crisis de Estado que vive el país, sino que en realidad se la ha profundizado.

La confianza electoral

Guardado por Julio Aliaga Lairana en su diario a las 10:29 am del Jueves, 11, 06, 09

Lo llenó de elogios diciendo que era el non plus ultra en la experiencia mexicana reciente de creación de confianza politica, trascendiendo años de un país priista, de partido único, a una democracia pluralista y multipartidaria. Fue en la presentación de José Woldenberg, quien –si se mira en Wikipedia– tiene un recorrido respetable, cuando Yoriko Yasukawa, Representante Residente del PNUD en Bolivia, habló de la necesidad de generar confianza entre los actores y las instituciones políticas, como base imprescindible de sustentación de la democracia.

El propio Woldenberg tuvo una participación magnífica, concisa y puntual, sin recovecos por suerte, explicando la rica experiencia mexicana, de cómo se puede lograr pasar del descrédito de las instituciones electorales a una situación de estabilidad, porque ahora los mexicanos confían en la transparencia, la neutralidad y la seriedad de la administración de los resultados electorales en ese enorme país, con más de setenta millones de electores.

Lo que no dijeron Yasukawa ni Woldenberg es que nada de ello se aplica en el caso boliviano. Seguro que no es culpa de ellos, sino de sus informadores, aunque Yoriko lleva ya bastante tiempo conociendo la política boliviana y sus entretelones. El problema boliviano no es el de necesidad de creación de confianza, sino de evitar la destrucción de lo poco de confianza que aún nos queda.

La creación de confianza como política pública, es el resultado de la decisión de los actores de avanzar en la consolidación de la democracia, cosa que ya sucedió en Bolivia el año 1989. En ese entonces fue necesario un acuerdo nacional para crear confianza en la institución que reglamentara, condujera y administrara los procesos electorales, porque saliendo de una dictadura militar y en mano de algunos inescrupulosos traficantes de los votos, como en la CNE hasta entonces, la ciudadanía no hacía sino defender sus votos que se escurrían por doquier, inermes al fraude.

Hasta 1989 los electores no solo debían asegurarse que el voto que depositaban en las urnas eran los mismo que el de los recuentos centralizados en los recintos provistos por las Cortes Departamentales, sino que tenían que organizar por si mismos (gracias a los partidos políticos, toda una novedad en la política boliviana) la defensa de los votos en los conteos, fraguados y arreglados de antemano, con los vocales electorales y con todo el sistema, hasta la obtención de los resultados. Pasar de ese estado de cosas, a tener una corte en la que todos confiáramos fue un proceso excepcional, encabezado por Jaime Paz Zamora (en ese entonces presidente, más bien fruto de la negociación y la chicana que de una victoria clara y contundente), que le dio la vuelta a todo y construyó una Corte Electoral de impecables ciudadanos en los cuales se podía confiar.

O sea que estamos de retorno a las andadas, no saliendo de ellas, como se nos explicó anoche. Los bolivianos sabemos y podemos dar mejores explicaciones y conferencias sobre nuestra capacidad de construcción de confianza; podríamos enseñarles mucho a los cubanos y venezolanos, por ejemplo, sobre el uso de la papeleta multicolor y multisigno, que es un invento delicioso, para este fin.

Equivocarse en ello es no entender las cosas y remar contra la historia. Sabemos cómo se hace, lo que sucede es que no queremos hacerlo. Entender eso es clave, si no, tomaremos decisiones equivocadas cada día. Es un tema de construcción colectiva de un destino político, que hasta el ciudadano más común puede identificar y comprender, como pasó hace treinta años, cuando la ciudadanía hizo carne de la prioridad de tener y mantener elecciones limpias. Lo que sucede ahora, es que los que mandan no quieren eso, no quieren elecciones limpias, ni padrón transparente, ni equilibrio de poderes, ni reparto democrático del poder.

A ver si nuestra amiga Yoriko Yasukawa termina por comprender este pequeño detalle y así su trabajo logra hacerse efectivo y alcanzar resultados, porque difícil va a ser que lo logre intentando convencer de generar confianza a los únicos interesados en sembrar desconfianza, porque su proyecto se les vá en ello. Y al conferencista José Woldenberg, lo felicito, me gustaría que lea esto, que alguien se lo envíe, como reconocimiento a su excelente exposición, pero para que no se vaya con una impresión errada, creyendo que en Bolivia hay que construir confianza, cuando lo que hay que hacer es recuperarla.

¿CRÉDULOS?

Guardado por Julio Aliaga Lairana en su diario a las 10:11 pm del Martes, 9, 06, 09

Llegar es volver, y llego y vuelvo a escuchar las noticias de ATB que cada día me gustan menos, porque el folklore está remplazando a la economía o a la política en las noticias. Un ciudadano habla de la educación en Bolivia, sin detalle ni mucho conocimiento, pero rellena su valioso tiempo televisivo haciendo propaganda, diciendo que “los sabios” de las comunidades indígenas están transfiriendo su conocimiento a la nueva currícula, porque ellos conocen de la vida, sus porqués y sus cómos.

Nomás hace unos días me preguntaba un connotado evista, de esos que se ven con él (con el mismísimo libertador, sin ir más lejos) todos los días, del por qué la prensa no se cansa de hablar mal del “proceso de cambio”, sin mencionar, por ejemplo, como en sólo tres años nos habríamos librado por fin del analfabetismo, lacra humana y del subdesarrollo. ¡En sólo tres años! Y es que se lo creía de verdad. Los masistas y evistas creen de verdad que vivimos en una tierra libre de analfabetos.

Peor aún. Creen que el actual régimen es democrático y que los de la oposición hacemos pura demagogia con eso del autoritarismo de Evo y sus seguidores. Que mentimos y que somos conscientes de que mentimos, porque si su compromiso con la democracia es fiel, no pueden ser sino mentimos, los que afirman que no es verdad.

El hombre de la tele creía de verdad que el anciano de la comunidad es un sabio y que sus conocimientos son necesarios fuera de esa comunidad, para crecer en la racionalidad y la ciencia que necesitan nuestros estudiantes, y en las técnicas para volar en las redes y autopistas del conocimiento contemporáneo, no digo ya como un humilde japonés, sino como un argentino o mexicano, que están a años luz de lo que puedan conocer nuestros niños en las escuelas urbanas, en La Paz o Cochabamba, y más lejos aún del sabio de la comunidad rural, perdido en el tiempo y en el campo. O si no, basta mirar como subsisten, sin imaginar siquiera como se puede vivir ahora, y cómo es que viven otros campesinos en otras comunidades del planeta.

Es como cuando el Canciller Chuquehuanca hablaba de leer entre las arrugas y conocer de las piedras, como fundamento del conocer. Lo callaron, le pidieron que cerrara la boca, porque era demasiado el ridículo, y se callaron. Pero el espíritu permanece, la vocación queda, se reanima siempre. Y los sabios del MAS, con tanto conocimiento acumulado, deben creer que gobiernan y que lo están haciendo bien, sin darse cuenta (porque su desarrollo intelectual no les alcanza para tanto) que los que gobiernan son otros, aquellos que conocen que toda esta pantomima de lo andino – folklórico y/u originario, es solo un cuento para engatusar incautos.

MEXICO, lindo y querido

Guardado por Julio Aliaga Lairana en su diario a las 9:12 am del Sábado, 6, 06, 09

Estoy en Xalapa, de paso, disfrutando de un seminario organizado por el Colegio de Periodistas de Veracruz, sobre campañas electorales, donde he tenido la oportunidad de trasmitir con detalle parte de la reflexión hecha sobre la construcción de redes ciudadanas y sociales para la acción política. La batería teórica adquirida gracias a Las Indias Electrónicas en Madrid y mi propia experiencia por el mundo, mitad española y mitad boliviana, me han servido para describir cómo es posible intervenir y participar desde la política y la academia en estas actividades abiertas al gran público del Internet.

Se me ha brindado no solo un cálido y buen recibimiento, como es costumbre en México, lindo y querido, sino una atención permanente del auditorio (agradecido que estoy), a veces tan cercana a la curiosidad, que me hacia sentir como lejos del país que se mira desde la red, un México de actividad intensa en su blogósfera. Luego me dí cuenta, conversando, que se trataba de un tema etáreo; con un auditorio más joven hubiera sido diferente, pero no mayor en riqueza, porque los periodistas y políticos(as) participantes, demostraron buen bagaje e interés. Muchos habrán salido a encender el ordenador y a pasear por la red, con nuevos intereses, curiosidad e iniciativas.

Eso si, en la noche, antes de ir a dormir, cuando ingresé al bar en el hotel, dos guardianes de civil en la puerta, nos cachearon uno a uno, para evitar que introdujéramos armas, o buscando no sé qué. Ayer mismo (05.06.09) dicen que murieron más de 50 personas de manera violenta en México, lindo y querido. Los anfitriones de evento, con quienes tuve la oportunidad de conversar sobre el tema, hablan del narcotráfico y de cómo su empoderamiento logró en algún momento sobrepasar la institucionalidad estatal mexicana y poner en riesgo la seguridad. Se nota en el ambiente, hasta da un tantito así de miedo.

¡Estamos todos majaretas!

Guardado por Julio Aliaga Lairana en su diario a las 6:17 pm del Viernes, 29, 05, 09

El CONALDE ha suspendido la cita del lunes a los futuros candidatos que están en contra del proceso encabezado por Evo, a reunirse en Santa Cruz y apuntalar un frente único de oposición, a ver si pueden hacer algo. Según La Razón hasta ahora anunciaron su postulación a la presidencia René Joaquino (AS), Alejo Véliz (Pulso), Manfred Reyes Villa (NFR), Román Loayza (ex MAS) y Jhonny Fernández (UCS). También trabajan en ello el MNR, el ex MIR y el frente AVCDC.

Y todos en fila, en la Pasarela Cruceña vistiendo sus mejores galas, a ver a quién eligen los prefectos, en nombre de las regiones que gobiernan; es “que están majaretas” diría Obelix. Como si la unidad pudiera construirse bajo el influjo de la Media Luna.

La unidad en la oposición se construirá (ahora, mañana, pasado mañana, o cuando estemos maduros para ello) detrás de un proyecto de país, que se contraponga al proyecto del etnonacionalismo masista. Lo que no se puede hacer es intentar construirlo sobre una base corporativa regional (los comités cívicos), porque saldría un engendro, igual o peor que el MAS, que fue construido sobre la base corporativa sindical o gremial (los movimientos sociales). “Algo es algo“, dirán algunos e irán a votar nomás y si hay unidad, yo entre ellos, seguro.

Lo explicaremos como para sonsos, a ver si se termina de entender de una vez:

Ningún cruceño, ni paceño, ni aimara, ni quechua, ni minero, ni comerciante, ni los vendedores de helados, están obligados, ni tienen que votar por un candidato determinado, por su condición; habrá cruceños que voten por Joaquino y otros por Evo. El voto no depende del origen regional, étnico, racial o cultural, ni de la condición laboral o el gremio, el voto es ciudadano, cada quién vota por quien quiere, es una decisión individual. ¿Estamos? Si eso es así, no se puede promover, impulsar, acordar, proclamar ni comprometer lo cruceño, lo paceño, lo aimara o lo quechua, lo minero, lo comerciante, ni a los vendedores de picolés, con un u otro candidato, porque es una falsedad en origen, es una mentira; no hay candidatos de la Media Luna, como no hay candidatos de los quechuas, como no hay candidato de los transportistas.

Por eso los candidatos son de los partidos políticos. Porque los únicos obligados a votar por un candidato socialista son los socialistas, y por un candidato liberal son los liberales, o por un indigenista los indigenistas y así sucesivamente, los movimientistas por el movimientista, los miristas por quien sea un candidato mirista, si es que resucita alguno… La definición (el que uno sea socialista, por ejemplo) es por adscripción, no por origen ni por condición. Esa es una base fundamental de la DEMOCRACIA.

No se puede ser socialista por ser orureño, o fabril, o guaraní. Se es socialista porque uno decide ser socialista. Lo mismo vale para liberal, conservador, trtskysta, etc.

Solo los partidos políticos pueden trabajar la unidad política, la convergencia, la construcción de un proyecto mayoritario o minoritario, que traspase orígenes, razas, sexos, regiones, etc. etc. En democracia no hay, desgraciadamente, otra posibilidad. Y se es democrático o no se es democrático, las medias tintas no son posibles. No se es democrático haciendo política desde (en nombre de) una institución cívica, como no se es democrático haciendo política desde (en nombre de) una asociación gremial; el resultado es siempre, inevitablemente autoritario.

Los prefectos no pueden llamar a la unidad política en nombre de sus regiones, porque no funciona. Y si funciona, no es democrático, porque terminará haciéndonos creer que uno tiene que votar por un candidato porque nos tocó nacer en un determinado lugar, o porque tenemos un determinado oficio. Eso es el puto subdesarrollo, el autoritarismo, la falta de un camino definido, el barco a la deriva.

Eso es lo tradicional en Bolivia (no los partidos, que son más bien lo más innovador del sistema) y en otros países, incapaces de romper con el espiral de la pobreza. Así ha sido siempre, salvo en la primavera democrática de 25 años que tuvimos entre 1982 y el 2005. Ahora estamos con Evo, de retorno a lo tradicional, a la espiral antidemocrática o predemocrática, autoritaria, desinstitucional, de toda la vida. Hemos vuelto a la razón de nuestro atraso. Y no vamos a salir hasta que comprendamos que los seres humanos tenemos una posibilidad, entre muchas, de ser y ejercer nuestra ciudadanía y construir la unidad y la mayoría por decisión propia, como si fuéramos gente adulta.

Inmejorable

Guardado por Julio Aliaga Lairana en su diario a las 7:07 pm del Lunes, 25, 05, 09

No han terminado aún las celebraciones del bicentenario del primer grito libertario en América del Sur, en la ciudad de Sucre, donde me encuentro, impregnado de la fuerza y el cariño demostrado por sus pobladores. Tierna y profunda ciudad donde salí bachiller al terminar colegio y donde se pueden sentir, en sus calles, la vocación de libertad e indpendencia de la que siempre se han ufanado sus ciudadanos.

Hoy, 25 de mayo de 2009, tuvimos una demostración de ello. Al ingresar con Victor Hugo Cárdenas a la plaza principal la ovación y el apoyo se mostraron espectaculares. Lo vimos todos los que estuvimos allí, hasta los contrincantes más serios de la oposición democrática que también estaban presentes; una demostración como esta vale más de mil razones para seguir construyendo la unidad, la alternativa democrática al etnonacionalismo del MAS.

Yo tomé este vídeo con mi cámara fotográfica. Por eso no es de calidad, pero demuestra lo que ahora escribo.

EL PODER DE LA UNIDAD (1)

Guardado por Julio Aliaga Lairana en su diario a las 10:19 am del Martes, 12, 05, 09

Para leer EL CHAT del día miercoles 20 de mayo de 2009, solo tienes que ir a:

http://www.diariocritico.com/julio-aliaga-lairana/333/chat.html

Lo que sigue es el texto introductorio de consulta, para no desviarnos del tema:

EL PODER DE LA UNIDAD (1)

Las encuestas muestran que la preocupación principal de la gente es la UNIDAD de Bolivia. Unos y otros les echan la culpa a sus adversarios por estar dividiendo la nación, entre regiones, razas, culturas, clases sociales, entre el campo y las ciudades. Esto se ha convertido en una gresca visceral, sin argumentos, que no busca soluciones, sino lastimar y desprestigiar a los eventuales oponentes.

Buscando soluciones, aclaremos que hay dos formas de entender la unidad.

La primera, es elemental, excluyente y mecánica: estamos unidos porque somos iguales frente a los otros, que son distintos; nos unen el origen (somos aimaras, por ejemplo), la actividad o condición (somos campesinos), la geografía (hemos nacido en Santa Cruz), la raza, el idioma, la religión. Estas formas de unidad son fruto del destino, no de la voluntad humana.

La unidad elemental impide relaciones más complejas, entre grupos diferentes. Ninguna sociedad se ha desarrollado unida por estas características; para crecer, para desarrollarse, las sociedades tienen que conseguir una forma de unidad más complicada. La unidad de las naciones se basa en un sistema que permite unir a gente diferente entre si; unir a campesinos y citadinos, a negros y blancos, a pobres y ricos, a católicos y musulmanes, no es cosa sencilla. Para que esto pueda darse tiene que existir un fin superior, algo más grande que la raza o que la etnia. La Nación es algo más grande que una tribu.

Una de esas formas superiores de unidad es la ideológica y/o política (que no es lo mismo). Por encima de las razas, etnias, culturas, oficios, idiomas o religiones, se puede conseguir la unidad con otros, porque se confía en las mismas cosas, porque se opta por una propuesta, una forma de vida, de economía, un sistema de gobierno.

Podemos estar juntos porque creemos en la democracia: elegimos a los que se destacan entre nosotros para que nos representen y así dialoguen y se entiendan con otros, en nuestro nombre; sería incongruente que una persona que piensa como un liberal represente a un grupo de comunistas. Ese pequeño detalle es muy importante para construir la unidad política.

En las sociedades desarrolladas la representación suele ser clara, delimita quiénes, dónde y para qué. Existe un sistema de instituciones que impide que se produzcan cambios bruscos; para cambiar, el sistema impulsa transformaciones que se producen de a poco, aunque sumadas en el tiempo pueden ser verdaderas revoluciones. También hay una regla sagrada que todos tienen que cumplir y es que cada cierto tiempo se impone el cambio democrático de quienes gobiernan, hay una rotación de las élites en el poder; de esa manera, si algunos han cometido un exceso, vendrán otros a remediarlo.

Muy importante también es que la gente se organice de acuerdo a sus intereses, es difícil pensar que los banqueros quieran aumentar los impuestos al sector financiero, o que los pequeños campesinos apoyen el latifundio; de esa manera la gente se une alrededor de dos o más corrientes importantes, que compiten entre sí. Actualmente en el mundo sobresalen los conservadores, los liberales, los socialdemócratas y el socialismo democrático; también existen versiones locales, en América Latina el populismo es una característica política muy importante.

El populismo propone otras formas de unidad, porque como no le importa lo que ofrece, sino que se acomoda a lo que la gente quiere, tampoco le importa que la unidad se construya entre quienes promueven cosas diferentes, porque el fin último del populismo es conquistar y mantenerse en el poder, no desarrollar las instituciones, ni mejorar la calidad de vida de las personas. Por eso es difícil encontrar sociedades que se hayan desarrollado sobre la base permanente de regímenes populistas. Puede haber desarrollo sin unidad, o pura unidad sin desarrollo, pero ninguno de los dos caminos sirve para llegar muy lejos.

Los bolivianos nos hemos acostumbrado a unirnos eventualmente para alcanzar el poder. Cuando los lideres se unen solo para conquistar el poder no saben qué hacer con él, salvo utilizarlo para beneficio propio, como está sucediendo con el MAS. Ahí tenemos una deficiencia ética muy profunda y difícil de vencer. En la oposición no estamos mejor, hay quienes creen que se pueden unir dios y el diablo, solo para derrotar a Evo Morales; esa unidad no sirve para mucho, es más bien perjudicial, porque impide la articulación de un proyecto alternativo de unidad democrática, y puede terminar confundiendo el derrotar con derrocar, lo que resulta inaceptable.

Uno puede construir la unidad de la oposición aprovechando algún liderazgo consolidado, como parece que va a suceder ahora, alrededor de Victor Hugo Cárdenas o algún otro liderazgo emergente. Lo que no puede hacerse es intentar reunir a todos, por ejemplo, sería difícil pensar alrededor de Cárdenas una bancada conservadora de restauradores, junto a un grupo de socialistas, solo por librarse del gobierno actual; una cosa así solo podría producir una bancada ingobernable, que no garantizaría nada, como le ha pasado a la agrupación PODEMOS, las últimas elecciones.

Quiero proponer tres círculos para la unidad. El primero es general y abierto: la democracia. Allí entramos casi todos. A la derecha e izquierda hay pequeños grupos que no creen en el sistema de la democracia representativa, ni en sus instituciones principales, que son los partidos políticos y el Congreso Nacional como actores y espacio de dialogo y decisiones; les hemos escuchado hablar durante años, de los indios y de los blancos (hay racistas en todos lados), de las mujeres, de los homosexuales, de otras minorías; en la democracia no hay mucho espacio disponible para radicales fundamentalistas, racista, machistas, homofóbicos, etc.

El segundo círculo de unidad es ideológico. Dadas las circunstancias necesitamos un Frente Amplio, una Alianza Electoral de convergencia. Allí cabemos desde el liberalismo social al socialismo democrático, porque la propuesta tiene que ser de centro-izquierda. Es imposible pensar que actualmente pueda desarrollarse con éxito una propuesta conservadora, de derecha tradicional; más bien los vientos soplan hacia las corrientes progresistas, democráticas y populares. Ahí estamos nosotros.

El tercer círculo es programático, que no puede ser sino socialdemócrata, dados los tiempos que corren, porque no podemos aceptar ni la supremacía del mercado, como quieren los liberales, como tampoco podemos aceptar la hegemonía absoluta del Estado, que nos lleva a una visión autoritaria, populista y etnonacionalista, como lo que tenemos ahora con el MAS. La salida está justo en el medio, es típicamente socialdemócrata, plantea el respeto a la propiedad y la libre iniciativa privadas, al tiempo que reivindica un rol redistributivo a favor de los más pobres para el Estado.

Eso no quiere decir desconocer los profundos e importantes avances que han traído Evo Morales y sus muchachos, la inclusión, la presencia y la participación de los y las indígenas es algo que no puede dejarse de lado; el Estado laico, el freno al latifundio, los nuevos derechos comunitarios, en fin, una lista de importantes logros. Al revés, eso no significa desconocer los valores de la democracia liberal, la igualdad ante la ley, el respeto a las normas y los procedimientos que son iguales para todos, el gobierno de las instituciones, la libertad de opinión, de prensa y de organización, el respeto a los derechos humanos.

Ese es el camino para hacer las cosas bien, como la gente.

¡SOLO LA VERDAD!

Guardado por Julio Aliaga Lairana en su diario a las 11:18 am del Jueves, 23, 04, 09

Lo escribí hace pocos días, las autoridades y los líderes de oposición debían haber empezado condenando toda posibilidad de que en Bolivia se organicen grupos armados clandestinos, sean del lado que sean. Todo intento de construir grupos armados, que no respeten las normas y los procedimientos democráticos, promoviendo la violencia, debe ser condenado drásticamente y sin contemplaciones. Si no se hace así, por uno u otro motivo, se es y se será cómplice de los resultados.

Las declaraciones de uno de los aparentemente asesinados (antes de morir, se entiende) a la televisión húngara, no hacen sino mostrar que en Bolivia existen estos grupos, o la voluntad de crearlos, con una limitadísima comprensión de lo que está sucediendo. Actitudes así, lo único que hacen es estigmatizar injustamente al conjunto de la oposición cruceña, sus líderes y sus instituciones.

La dirigencia cruceña debe coadyuvar en la identificación, la acusación y la penalización de estos hechos y de sus autores, reales, intelectuales y morales… para erradicar por siempre del seno de la sociedad más dinámica del país, estas anacrónicas visiones, que no condicen con la expectativa cruceña, de ser la vanguardia de la Bolivia moderna y progresista. Esto no quiere decir que deba ceder o posponer su legítimo derecho a expresarse, a organizarse, a oponerse y a resistir, en su caso, las decisiones abusivas, autoritarias e ilegales, de un gobierno que no respeta las mínimas condiciones del juego y la convivencia política en democracia.

Peor aún, un gobierno que posiblemente esté organizando cosas parecidas a las que condena, en nombre del pueblo y de sus supuestos derechos a avanzar sobre la ley, en busca de una revolución étnica, peor aún que las muchas fracasadas que conocemos. Si los dos bandos están haciendo lo mismo, solo el dolor y la muerte cubrirán el futuro horizonte de bolivianos y bolivianas. ¡Cuán inmerecida suerte!

Bien haría el gobierno callándose sobre estos temas y dejando que la justicia actúe libremente, así sea para ahorrarse tanto ridículo, como el de los “juegos de guerra” del ministro de gobierno (yo renunciaría de solo vergüenza). Ya han manchado y manipulado suficientemente los hechos, como para haberles quitado toda credibilidad. Un manto de confusión y dudas ha cubierto el asesinato de tres ciudadanos en Santa Cruz, a manos de la policía nacional. Y los policías debieran ser eso, policías, no esbirros o criminales al servicio de la voluntad de unos pocos. Las cosas no pueden quedar como en Pando, ni como en Yacuiba. Un día los bolivianos tendremos que saber la verdad. ¡Exigimos la verdad!

El mismísimo Presidente no comprende que se exija la verdad. ¿Por qué el Estado irlandés se atreve a poner en duda las explicaciones del gobierno boliviano? Los irlandeses tienen una larga historia de terrorismo y contraterrorismo que ha asolado, como a ningún otro país europeo, esa isla dividida por el encono y el fanatismo nacionalista y religioso. Por eso son muy sensibles a estos temas y Evo Morales debiera comprender que están en todo su derecho de preguntar y de saber, si se trata de un ciudadano irlandés; tan exactamente igual como el derecho que asistiría a Evo Morales, de preguntar y saber, cuando un ciudadano boliviano es muerto en cualquier lugar del mundo, más aún si fuera acribillado, durmiendo en un hotel, por la policía; y peor aún si se tratara de un Estado cuestionado por poco democrático e irrespetuoso de los derechos y de la verdad, como es actualmente el nuestro.

Y si los irlandeses quieren saber la verdad, si los húngaros quieren saber la verdad, los bolivianos también, queremos y necesitamos la verdad.

¡SOLO LA VERDAD!