¿Quien cede la sede?
Estamos a pocos días del cabildo paceño, para evitar el traslado de la sede, se dice. O para evitar que se discuta este tema en la Asamblea, porque dividiría a la nación (?). Se quiere un millón de personas, pero eso de un cabildo de a millón me sabe a copia y no le gusta a mi paladar político, acostumbrado a degustar aciertos, antes que guisados con poca sazón.
Debo decir que como paceño a mi no me gusta tampoco el que se plantee un cambio de sede del gobierno nacional. Quiero aclararlo, para evitar interpretaciones distintas por lo que voy a escribir ahora y repetiré hacia delante. Yo, Aliaga de los de Sorata, nacido en Chuquiago Marka a los pies del Illimani, estoy de acuerdo con defender la sede de gobierno en La Paz. Pero debo preguntarme el por qué hemos llegado al extremo de tener que llamar cabildos y hacer movilizaciones, que más que fortalecidos nos muestran preocupados, temerosos y aislados; sobre todo aislados.
Todo constituyente tiene el derecho de plantear alternativas de organización estatal hacia el futuro, los hemos elegido para eso, para que las planteen, las discutan, las defiendan y logren consensos alrededor de sus iniciativas; querer callar una propuesta sería un desatino. Por ejemplo algún constituyente podría plantear sin problemas que la próxima capital sea Capinota o Monteagudo, en circunstancias normales una propuesta así no tendría repercusiones y quedaría como una más, hasta interesante, porque vendría acompañada por argumentos que valdría la pena escuchar y conocer.
Lo que debemos preguntarnos los paceños es qué ha sucedido para que el planteamiento de retornar la sede de gobierno a Sucre haya contado con un apoyo sustancial, que ha fracturado la unidad del MAS en la Asamblea, y ha colocado a La Paz en una difícil situación, ya que parece que se podría conformar una mayoría sustantiva a favor de Sucre, lo que llevaría el tema por lo menos a ser consultado nacionalmente en un referéndum. Yo no dudo que en un caso así existirían condiciones objetivas para que el cambio de sede logre conseguir una mayoría de votos. ¿Lo hicimos tan mal los paceños para merecer esta suerte?
Lo que sucede es que La Paz es el centro de lo que mi amigo Lauro Ocampo llama una asimetría política que impide una solución a la crisis de Estado que vivimos desde hace años, lo que no permite el desarrollo de acuerdos sustanciales, menos aún el concertar un nuevo Pacto Social e institucional hacia el futuro. Es ya imposible sostener una situación en la que desde las laderas y la periferia paceña se imponen autoridades, decisiones y políticas estatales que afecta al conjunto nacional. El gobierno boliviano es un gobierno atrapado en La Paz, donde sesenta mil personas pueden derrumbar un presidente y poner otro, mientras que un millón de ciudadanos pueden manifestarse en otras regiones del país, sin que suceda nada sustancial.
El factor de asimetría, de desequilibrio está dado por la ciudad de El Alto, que rodea, bloquea cuando quiere, y presiona sobre La Paz y su gobierno, que es el gobierno de todos. Ya lo vimos en el voto hace 25 años, cuando la UDP logró imponerse tres elecciones seguidas solo con el voto paceño, cuyo epicentro principal era el voto alteño, lo que significó la inviabilidad del gobierno de Hernán Siles Zuazo. O a la inversa, cuando Carlos Palenque terminó aislando electoralmente a La Paz, frente al país que votaba en otra dirección.
Desgraciadamente y así como en Santa Cruz se ha concentrado un núcleo de personas y grupos que sostienen intereses propios, amparados en un discurso poco democrático en cuanto se expresa a través de organizaciones corporativas (comités, juntas, uniones, etc.) y no se incorpora en las disputa política entre partidos, en El Alto ocurre algo similar. Los intereses legítimos de quienes viven en esa ciudad se expresan a través de instituciones no democráticas y con discursos menos democráticos aún, donde la demanda legítima de un grupo humano asentado en una ciudad, termina por expresarse como una consigna caprichosa de intereses particulares, en este caso étnico-culturales, frente a los cuales es difícil el dialogo y menos el consenso. Peor aún cuando, como ahora, existe un gobierno más allá que complaciente con esa forma de intervención política, sino hasta cómplice con esa vocación.
Si las demandas sociales se expresan a través de las juntas vecinales, o de los comités cívicos, o de los sindicatos, el escenario de la propuesta no es el Parlamento, la Asamblea Constituyente, o el Gabinete gubernamental, porque las asociaciones corporativas no pertenecen a esos escenarios, donde debieran confrontarse con otras organizaciones similares portadoras de otros discursos e intereses. Entonces queda la calle y en la calle no hay dialogo posible.
La defensa de la sede de gobierno desde la ceja de El Alto sobredetermina la voluntad del gobierno nacional, sea porque depende de su apoyo, sea porque debe defenderse de sus ataques. Por eso la actual argumentación paceña es débil, carece de sustento, porque no se puede sostener el derecho paceño de ser y seguir siendo la sede de gobierno porque nos gusta o nos place, porque nos sentimos con el derecho histórico de una imposición violenta hace más de un siglo en la historia, peor aún, porque significa un ingreso de dinero adicional que legítimamente todos tiene el derecho a disputar. O porque costaría mucho el traslado, como si una victoria electoral que lo decidiera no muestre a las claras que quienes votaran estarían dispuestos a solventarla.
La Paz está sola en esta pelea. Si quiere salir de ello debe empezar por reconocer antes que nada, que su proyecto de gestión administrativa nacional se asienta en la capacidad política de la ciudad para garantizar un horizonte plural, multifacético, abierto a las iniciativas que vengan desde todas partes, democrático por excelencia. La Paz ha demostrado con creces tener esas características que le han valido y otorgado el lugar que se merece entre todas las ciudades del país, pero ha producido también un contraproyecto que las ha anulado, la ciudad de El Alto que no se mira desde la nación y que pugna con La Paz por hegemonizar este proyecto desde su sitio, circunstancialmente privilegiado.
Con la mirada chica, sin mirar más allá de sus narices, quienes no quieren al MAS, ni a Evo Morales, encuentran sustento en esa realidad desequilibrada y asimétrica para hacer de la propuesta de traslado de la sede de gobierno una consigna contra el gobierno y su propuesta no democrática, ya demostrada. Ellos saben que si el MAS se encierra en defender a La Paz por sobre todas las cosas, perderá a Chuquisaca y la Media Luna se habrá ampliado definitivamente, al contar con ese departamento y lo que eso pueda influir sobre Potosí y Cochabamba; permitiría una ventaja histórica imperdible. Si el MAS decide por abandonar la pelea atrincherada en el apoyo alteño, perderá La Paz y con ello lo perdería todo.
Así de compleja está la pelea. Personalmente creo que esta vez y nuevamente los paceños tenemos la palabra. Si La Paz quiere discutir la sede con el resto del país sobre un verdadero argumento político que le otorgue ventaja, tiene que reconocer su falencia y poner las cosas en su lugar, es decir, debe poner a El Alto en su lugar, que es fuera de la sede, porque la sede es La Paz, no El Alto.
Los paceños tenemos que producir un proyecto paceño y no alteño de gobierno nacional. Si no, será legítimo el pedido de que es necesario sacar al gobierno desde el centro de lo étnico para reintegrarlo a la nación, porque así como están las cosas este es un país sin gobierno nacional (o imagínese si no, lo diferente que sería el gobierno de Morles Ayma, si este debiera gobernar desde Sucre, o Cochabamba, por no decir Santa Cruz), sino un gobierno etnico-cultural, que concibe a la nación sobre esas bases y no puede, por ello, abrirse a consensuar y construir su hegemonía con y entre todos los implicados. Bolivia merece una capital geográficamente abierta, libre y culturalmente democrática. La Paz tiene de sobra para ello, pero debe volver sobre si misma para conseguirlo.
Esta entrada) fue publicada
por Julio Aliaga Lairana en su diario a las 8:52 pm del Martes, 17, 07, 07
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7 comentarios aprobados para “¿Quien cede la sede?”
Julio 17th, 2007 at 10:35 pm
estimado poeta,
su argumentacion light, catastrofista y naïve me preocupa mucho por el simple hecho que un paceño pueda decir eso: yo apoyo a LP pero propongo la poesia como solucion al conflicto (una capital geográficamente abierta, libre …blablabla). usted parece no darse cuenta de la envergadura de la confrontacion politica la cual no da lugar a posiciones utopicas y literarias como la suya.
Julio 17th, 2007 at 10:40 pm
Como decis el problema es que se ha atomizado el poder en un solo punto geográfico, lo que ha llevado a que se ignore durante muchos años la realidad nacional.
No dudo que los alteños tengan razon en exigir la implementación de ciertos proyectos o políticas que los favorezcan, pero lo cierto es que la política se hace a diario en todos los rincones del país y no se puede ignorar las necesidades y urgencias de otras regiones del país en favor de unos cuantos que a la fuerza pueden imponer su voluntad, como lo hace muchas veces la COR de El Alto u otras organizaciones.
Las políticas nacionales se deben construir en conjunto dentro del Palacio de Gobierno y no en las calles.
Debo felicitarte por tu análisis, pues es claro y conciso. Saludos.
Julio 18th, 2007 at 2:44 pm
Un gran auto-análisis.
Ciertamente hace mucha falta el mirarnos un poco más en el espejo, cuidadosamen y notar que tenemos grandes cosas que acomodar en nosotros mismos; muy pocos tienen las agallas de reconocer sus propias fallas; pero eso significa el primer paso hacia la excelencia.
Grandiosa publicación.
Julio 19th, 2007 at 9:58 am
Si es Constituyente, no existe tema que no pueda ser propuesto y debatido. Y si se lo planteó, no se lo puede soslayar.
Ahora, convengamos que la razón para mantener o cambiar una sede, debiera ser algo más que humores o el número de votos. Tiene que ser una razón fundamentalmente geopolítica antes que democrática, si es que no queremos equivocarnos. Es como la fe o el amor. No es un problema de mayorías o minorías. Si ya entramos, discutamos razones! Y si es con poesía, estimado Julio, mejor!
Julio 20th, 2007 at 10:00 am
Buen analisis don Julio. Ahora… si de devolver la capital a su sitio, por que no a Tarata? O acaso han olvidado que el injustamente vilipendiado don Mariano Melgarejo creo el departamento de Tarata, capital Tarata, y la declaro capital de la Republica?
Julio 20th, 2007 at 12:27 pm
razon geopolítica com dice el de agora, ahora geopolíticamente combiene a la media luna que este en sucre… mas cerquita del poder, porque saben que ne la paz no podran hacer lo que les venga en gana.
Julio 22nd, 2007 at 9:00 pm
Sucre fue elegida como capital de Bolivia en el siglo XIX, cuando era la principal ciudad de la república y tenía el liderazgo intelectual nacido en las aulas de su universidad.
Esta realidad ya ha cambiado en el siglo XX y más aún en el siglo XXI, Sucre por muchas razones ha perdido su liderazgo y su importancia relativa en el contexto nacional.
Trasladar los poderes a Sucre, entorpecería notablemente el funcionamiento del aparato del estado, el ejecutivo y el legislativo, alejados del centro neurálgico del país, no podrían seguir seguir su ritmo y menos ejercer su conducción, estarían en un aislamiento improductivo, retrasados y ajenos a la marcha del quehacer nacional.
La gran mayoría de los países, y absolutamente todos los que se asemejan al nuestro, han puesto sus capitales en las ciudades más importantes de sus territorios, allí donde radica el liderazgo social, político, económico, cultural e intelectual; es allí donde deben estar el ejecutivo y el legislativo para cumplir sus funciones con eficiencia y oportunidad.
Llevar los poderes a Sucre entorpecería el funcionamiento del país, un lujo que no podemos darnos, porque ya estamos suficientemente atrasados con relación al resto de América y el mundo, todos los bolivianos saldríamos perdiendo, salvo unos pocos propietarios de bienes raíces en Sucre, cuyos bienes subirían de precio.
Otra cosa que no consideran quienes proponen el traslado de poderes, es que le están quitando el pan de la boca a miles de familias provenientes de todo el país, que viven en La Paz y que trabajan en el aparato estatal; atentar contra el sustento de esos ciudadanos, es la forma más directa de generar conflicto; o alguien cree que cualquier persona se quedaría tranquila viendo como se esfuma el sustento suyo y de su familia?. No es racional, ni civilizado, ni cristiano, ni humano, buscar el beneficio propio a costa del perjuicio de nuestros semejantes.
Dejémonos de romanticismos, no podemos vivir en el siglo XXI, con ideas del siglo XIX, no podemos retroceder en el tiempo, la historia avanza día a día y ha avanzado mucho en estos dos siglos, las leyes que le dieron la capitalía plena a Sucre, son ahora reliquias históricas y nada más. No podemos pretender tampoco que Potosí vuelva a ser la ciudad más poblada del mundo como lo fue en el siglo XVI, o que la corona española vuelva a sentar sus reales en estas tierras como lo hizo en el siglo XV; con argumentos históricos no faltará quien proponga llevar la capital a Cuzco, Tiwanaco o la Isla del Sol.
Vale la pena hablar más?, que tal solo mencionar la cantidad de tiempo y recursos que serían necesarios para trasladar los dos poderes que faltan a Sucre, no tenemos cosas mucho más importantes que hacer con ellos en Bolivia?, no les parece que ya es un absurdo que nos dediquemos sólo a hablar de este tema?
Ninguna de la veintena de constituciones que Bolivia tuvo a lo largo de su historia, han mencionado el tema de la capitalidad y la sede de los poderes, por que ahora se pretende debatir este tema tan conflictivo en la asamblea constituyente?.
La explicación a todo esto es clara, la oligarquía extranjera que se ha asentado en el oriente del país, cuyo poder económico ha crecido a costa del estado boliviano y que hoy ejerce un control importante en esa zona, casi una ocupación, no quiere perder las tierras de las que se apropiaron sin ningún título, ni los privilegios a los cuales están acostumbrados. Para ellos la asamblea constituyente es una amenaza, como lo es el proceso de cambios que vive el país, por eso harán todo lo que este a su alcance para perjudicar su desarrollo y para crear conflictos, lo menos que ellos buscan es la independencia de Santa Cruz, donde ellos podrán consolidarse como ocupación extranjera, acaparando todas las riquezas de esas tierras para si, arrebatándolas del resto de los bolivianos.
No sigamos este juego perverso, no seamos los tontos útiles que se hagan eco de las ideas que generen los conflictos atizados por los intereses mezquinos de los extranjeros que ocupan el oriente de nuestra patria, y por unos cuantos compatriotas comprados por ellos, que hoy nos quieren engañar con que la capitalía plena es un derecho de los chuquisaqueños. Sin duda lo fue, pero los tiempos cambian y hoy, el mejor interés de la patria obliga a que los poderes permanezcan donde están.
Dejemos ya este tema absurdo y empecemos a hablar del futuro.
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