Julio Aliaga Lairana » 2008 » Mayo

La realidad de nuevo

Guardado por Julio Aliaga Lairana en su diario a las 10:56 pm del Domingo, 25, 05, 08

El 25 de mayo, en Sucre, nos devolvió a la realidad. Estábamos como encantados, especulando los resultados del Referéndum Revocatorio y las consecuencias que traerían, cuando los universitarios sucrenses y los campesinos de alrededor se agarraron a insultos, golpes, vejaciones y pedradas, de una manera injustificable, condenable a todas luces y se mire desde donde se mire. Pero nos hizo volver a la realidad.

Es la segunda vez en el año en que los pobladores de una ciudad hacen escapar a los militares y policías que pretendían contenerlos; esta vez obligándolos a llevar las banderas de la región, que son banderas de la oposición al gobierno central. Un gobierno atrapado ente la imposibilidad de frenar el conflicto, porque culturalmente no conoce otra manera de enfrentarlo, sino bajo el influjo de las muchedumbres, que pretende utilizar y trasladar de un lugar a otro; el resultado es incierto, puede favorecerles a veces y otras tantas resultarles contraproducente, pero es violento en todos los casos; ya tiene una historia plagada de muertos. Corresponde que los campesinos empiecen a preguntarse el por qué de tanto acarreo, de una ciudad a otra, de un centro minero a un campo petrolero, de allí a las puertas del Tribunal Constitucional que era, o a bloquear el Parlamento.

Por debajo de los votos y los discursos, corre ríos de incomprensiones, malos entendidos, desprecio y hasta de odio, entre unos y otros sectores de nuestra sociedad. Es cierto que vienen desde lejos en la historia, pero han bastado dos años y medio de un gobierno decidido a exacerbarlos, para estar los unos contra los otros, de una manera casi irreconciliable.

Lo que hicieron los nobles y cultos ciudadanos de la capital con el alcalde de Mojocoya y sus acompañantes campesinos fue humillante. Dejó claro atavismos, complejos, prejuicios y racismos soterrados, que están ahora a flor de pie, listos para brotar a golpes apenas se tenga la oportunidad. Pero imaginémonos por un momento la historia al revés, la alcaldesa de Sucre, cercada por los lugareños en Mojocoya, y lo que nos mostrará la imaginación, sin mucho esfuerzo, son escenas similares o peores, execrables por igual.

Es nuestra champa guerra sin acabar. Me recuerda historias del renacimiento europeo, cuando las ciudades se defendían de la invasión de las huestes campesinas enviadas por los señores feudales de alrededor, hartos del crecimiento de otras formas de vida, diferentes y peligrosas para sus intereses y costumbres, afectados severamente por la apertura del comercio entre los mares y porlos nuevos caminos, que empezaban por llegar a los lugares recónditos, mostrando que el mundo era algo más grande que las pequeñas parcelas de cultivo, en las que se vivía entonces, apenas al ras de la sobrevivencia. A la inversa, la invasión de los campos desde las ciudades, con sus secuelas de horror y muerte, en nombre del nuevo mundo que terminaron por imponer y construir desde los burgos.

El Presidente Morales no gobierna en cinco departamentos del país, y es incapaz de encontrar un camino que nos permita la reconciliación. Reaccionar suspendiendo los programas y proyectos gubernamentales, confiscando partes del presupuesto, vengándose como acto reflejo, es infantil, por decir lo menos. Reducido al gobierno a una parte del país y habiendo perdido la credibilidad en sus palabras e intenciones, no puede ser pilar del dialogo y la concertación entre intereses y visiones dispares. Basta anunciar que el Presidente quiere visitar un lugar, para que allí se arme la gresca y no lo dejen entrar a veces, como en Sucre. Definitivamente el gobierno Morales es parte del problema.

La sociedad boliviana debe comprender que ha llegado al límite y buscar y encontrar nuevas respuestas. Nuevos actores, capaces de producir un proyecto entre todos, que nos englobe y represente a cada uno, que nos permita conversar, que nos devuelva el respeto y la autoridad; a cada uno de los bandos en conflicto por igual.

Es muy difícil, porque habría que retroceder lo andado, desconocer los unos su proyecto de constitución, olvidar los otros sus estatutos autonómicos impracticables, para poner un ejemplo. Pero ninguno puede poder, ninguno puede darse el lujo de ceder, porque quien ceda y retroceda se derrumba. Al margen de la pelea, se trata de participar serenamente en el conflicto, sin dejar de tomar partido por lo que cada cual cree y sustenta, pero construyendo puentes en medio de la tormenta. Hay que apoyar y fortalecer todo intento de construir puentes, por muy pequeño que sea, y venga de quienes vengan.

La historia no concluye mañana y dará tiempo para aproximar el desastre o encontrar formulas alternativas que permitan así sean pequeños acuerdos, hasta empezar a caminar por esta vía, que debe ser considerada como la única posible. Si ni el Presidente, ni el Congreso Nacional, ni los prefectos departamentales, ni la santísima iglesia católica y apostólica, pueden mediar un encuentro (las cámaras de la tele están detrás, por supuesto), se puede intentar en pequeño, por uno y otro lado, entre instituciones y grupos menos visibles.

Pienso ahora en como se está tratando de construir una salida para Cuba, por ejemplo: no habrá transición pacífica en ese país, si se fortalecen los actores más duros del exilio en Miami, frente a los más duros del gobierno en la isla; la otraposibilidad es un acuerdo entre los moderados del exilio y la disidencia interna, la construcción de un renovado Bloque de Poder. De manera similar, no habrá solución si quienes se fortalecen en Bolivia son la pura y dura derecha que expresan algunos movimientos regionales, frente a los duros del nacionalismo étnico encumbrados eventualmente en el gobierno nacional.

A ambos lados, entre los contendores, estamos los moderados. Formamos parte de quienes en las regiones critican los contenidos y las expresiones ideológicas del autonomismo a ultranza, sin dejar de lado el claro compromiso con el cambio que promete la Bolivia de las Autonomías, junto a quienes reivindican como suyos los principios y demandas de participación e inclusión de los sectores indígenas, empobrecidos y marginados. Se trata de una porción importantísima de la población nacional, los ciudadanos mestizos, transculturalizados, de clases medias, abiertos a la modernidad, genionamente democráticos. El encuentro positivo entre los descontentos de un lado y los descontentos del otro, permitirá la construcción de un nuevo paradigma nacional para el dialogo.

El encuentro de los discursos que exigen participación, vigencia de derechos, justicia social, igualdad y equidad, junto a los que propugnan la libertad de expresión y comercio, la eficiencia, el gobierno de las instituciones y las leyes, podrán articular un discurso para todos. Un Bloque de Poder Alternativo, entre los descontentos que suben y los descontentos que bajan, permitirá el reencuentro de la nación con sus raíces y su identidad, sin perder la oportunidad de abrir al mundo las antenas de la modernidad.

Que se vayan, que se vayan…

Guardado por Julio Aliaga Lairana en su diario a las 9:31 am del Lunes, 19, 05, 08

Resultó que somos una oposición de pacotilla, sobre todo en las alturas del occidente boliviano, donde poco pudimos hacer hasta ahora para poner coto a los atropellos antidemocráticos y antijurídicos del MAS y su gobierno, a más que apenas nos echaron un vientecillo a la cara, nos pusimos a temblar. Quien a estas alturas crea que Evo Morales puede ganar el referéndum revocatorio que el MAS y PODEMOS han concertado (nadie sabe por qué), no merece intentar conducir la oposición, porque no cree ni en sí mismo. El 54% de diciembre del 2005 es irrepetible, porque la decepción y el descontento de las clases medias en La Paz, Oruro y El Alto, la animadversión sin retorno de la “Media Luna”, el rechazo a los abusos del gobierno en Chuquisaca y Cochabamba, junto a la partición del voto en Potosí, sientan la base para asegurar una victoria del NO contra Evo Morales, que se hará sentir en el mundo entero.

Esta “base” no es casual, es más bien estructural, se trata de las clases medias, urbanas (de las ciudades grandes, medianas e intermedias), mestizas racial y culturalmente; es la reacción citadina frente a los esfuerzos de obligar al país entero a caminar un derrotero aldeano, atrasado y de un nacionalismo étnico imposible de comprender desde la ambicionada modernidad.

Puedo entender que existan tendencias que quieran cruzar, pinchar, frustrar, o como se llame al evitar la consulta directa sobre si presidentes y prefectos deben quedarse o no hasta el año 2010; existen intereses personales y de grupo que pueden explicarlo. Yo mismo creo que lo del revocatorio no servirá para mucho, ganen unos o pierdan otros, y no vería con malos ojos el superar esta inútil y costosísima etapa, para pasar a nuevas elecciones generales adelantadas de una vez por todas. Cuando la gobernabilidad está en crisis absoluta, los bolivianos hemos visto en nuestra propia experiencia, cuanto ayudan los acortamientos de mandato, como se hace en los regímenes parlamentarios, y este es un momento preciso, porque nadie le hace caso a nadie y vendría bien recuperar un Presidente con mayúsculas; y si el que venga tiene un pequeño plan, una idea chiquita (que siempre será mejor que el vacío de ahora), sería un avance, hasta podríamos intentar construir consensos alrededor de cualesquiera sean sus propuestas. Y si no, tampoco es mucho esperar al 2010, en medio de este descontrol y desconcierto, así la gente menos perspicaz se va convenciendo de la inviabilidad política y la incapacidad de gestión de los de ahora, aunque esto nos cueste a todos el viacrucis de la inflación, el desempleo, el desgobierno, junto al aislamiento y descrédito internacionales.

Conclusión: Para pasar de ser de un hazmerreir de oposición a una oposición en serio, tenemos que lograr alcanzar por lo menos acuerdos básicos de acción, que sirvan para coordinar esfuerzos las próximas semanas:

Los dirigentes de Santa Cruz de la Sierra tienen que comprometerse a hacer campaña en la Media Luna Ampliada con todo lo que tengan, para alcanzar el objetivo de consolidar un rechazo contundente al tal Evo de las alturas. Junto a los líderes de Chuquisaca, Tarija, Beni y Pando, pueden lograrlo, sin grandes o inhumanos esfuerzos. Por lo demás no tienen el problema de prefectos débiles, unos más que otros pueden pedir el SI regional para sus gestiones (los chuquis estarán con Prefecta nueva), sin que eso debilite ni confunda a los votantes del NO nacional.

En Cochabamba hay que lograr ganarle al MAS, por poco, pero ganarle. Digamos que consolidar lo que ya se sabe, que el departamento tiene las opiniones divididas por la mitad. Para Manfred Reyes Villa la cosa está color hormiga y podría sufrir una derrota, porque la votación que necesita es injustamente alta y difícil de alcanzar. La oposición debiera comprometerse con él a cooperarlo en lo que necesite y en lo que bien se pueda; por más que no guste a muchos, no está la situación para exquisiteces.

Lo de Potosí, Oruro y La Paz es otra cosa. En realidad este post estaba dedicado en principio a esos tres departamentos, donde se concentra el apoyo indígena y rural, que continua creyendo en el despertar de los amautas y el retorno “del que cambia el rumbo de la tierra”, el pachacútec, fruto de una mitificación mágico-religiosa, construida alrededor de Evo Morales y el aura simbólica que desprende su figura. Este fenómeno mitificador, de alto contenido simbólico para los habitantes, no es un asunto de indígenas, quechuas o aimaras, es un tema de explicación del mundo desde una realidad rural, premoderna y predemocrática. Puede encontrarse también en otras regiones, pero su fuerza vital está entre el “señorío” aimara, que sueña legítimamente en recuperar privilegios enterrados por el tiempo, para pasar a ser parte activa del Estado llamado boliviano, de la globalización, de la historia de los seres humanos.

Por eso el discurso del nacionalismo étnico que enarbolan para explicarse y explicar sus acciones y el resto de los acontecimientos, es neurótico en extremo, porque busca lo que teme, rechaza lo que quiere y huye de lo que más desea. No es un fenómeno único, sino un problema repetido en las sociedades que enfrentan procesos de transformaciones irreversibles, de los cuales están marginadas y sin herramientas que les permitan abrirse campo y participar. Reconocer esta realidad no es algo pecaminoso, como nos hace sentir el complejo colla de clase media citadina, pretenciosa de modernidad, que se niega a renegar de parte de su propio origen (de procedencia, del campo a la ciudad; ni cultural, ni racial, que a esos orígenes no renuncia nadie) al convertirse en ciudadano, y a la que está ligado el apoyo de los grupos urbanos de reciente formación a Evo Morales, fruto de la migración campo-ciudad de los últimos 50 años.

El apoyo de los sectores urbanos a Evo Morales y a la propuesta colectivista del Movimiento al Socialismo es artificial, fruto de la alienante fascinación producida por la fortaleza simbólica de si discurso indígena, que exalta un tipo de atávico nacionalismo por pertenencia de origen a un grupo (de allí su raíz antidemocrática) por razones culturales y de raza. Digo alienación porque no corresponde al ciudadano que ha migrado y crecido desde hace dos o tres generaciones en la ciudad, que baila cumbia o hip hop, que habla castellano y chapucea ingles, lo mismo que aimara que es su lengua de origen, que navega en el internet y conoce del mundo global y sus alrededores. Ese ser mestizo y escindido, que somos nosotros mismos, en diferentes estadios de desarrollo (de lo local a lo global, del campo a la ciudad, del avecindado al ciudadano), ha proyectado sus frustraciones y sus desarraigos en una propuesta que fortalece su identidad, aunque lo ancle a un pasado irrecuperable, motivo por el cual es difícil llegar a él sino en el terreno simbólico y ese “lugar” está ocupado, hoy por hoy, por Evo Morales.

Por eso la consigna en el occidente andino boliviano debe ser clara, no necesariamente racional, sino simbólica. No debe dejar espacio para muchas explicaciones, y menos confundir a unos y otros, razonando porqué a estos NO y a este otro SI. Debe estar empaquetada de colores y formas atractivos, manteniendo vivo su contenido democrático, participativo, incluyente, equitativo, aunque los adversarios se esfuercen en decir y demostrar lo contrario.

Salvo el Prefecto de La Paz, Don José Luis Paredes, que encabezó una brillante gestión prefectural, construida en medio y a pesar del cerco masista, y el Alcalde de Potosí, René Joaquino, que no se somete a la consulta revocatoria, todo lo demás es deleznable entre La Paz, Oruro y Potosí. Todo lo demás es parte del pasado, lo que hace valedera la consigna que ya se está difundiendo por internet: ¡QUE SE VAYAN TODOS!

Esta es una consigna fácil, atractiva y tiene una carga suficiente de verdad, como para ser asumida con fuerza y voluntad de trabajo. Que se vayan todos los responsables de este descalabro, los de un lado y los del otro; que no quede nada ni nadie, sino lo nuevo, sino el futuro.

Y se trata de construir y habilitar el futuro en el mundo colla, así como está ya abierto desde las autonomías en la parte amazónica y rioplatense de Bolivia. Los cambas y los chapacos no tiene que habilitarse al futuro, ellos han diseñado el camino y están abriendo el trayecto día a día; sin caer en el error de creer que en Santa Cruz, que comanda el proceso, Costas o Marinkovic son sino la transición al futuro, el primer momento autonómico cruceño, tamizado por el ala más dura de la derecha camba, que defiende los intereses de los gamonales del lugar; pero ese es problema de Santa Cruz y de los otros departamento autónomos, serán ellos quienes desde su propia experiencia tendrán que descubrir esta realidad y luchar por cambiarla.

Pero lo conservador está en las alturas, en lo Andes, junto y mezclado a la demanda legítima de participación de los grandes grupos indígenas no descampesinizados, que marchan y atraviesan las ciudades en grandes filas humanas, como amenazantes fantasmas en silencio; o llegan obligados por sus dirigentes locales, para hacer fiestas y bullas, cuando les dan la consigna de cercar el Tribunal o el Parlamento, mientras hacen estallar dinamita en las calles y hacen sentir su poder. Embriagante poder de turba y multitud desatado en el cabildo, en la marcha, en la asamblea, mesclado con el alcohol y la fiesta, danzando en las calles de la ciudad; o degollando perros a su alrededor, para teñir de barbarie y de miedo las amenazas que expresan. Efímero poder que desciende desde las laderas y con las laderas, hasta el centro emblemático de la ciudad que tiembla entrampada en sus callejones, en sus calles bloqueadas por las manifestaciones, en su sentirse acorralada y sin futuro. El problema está en que ese conservadurismo aldeano, empoderado sin destino, está casado, viene mezclado, es casi una sola cosa, con la esperanza de participación indígena y el deseo de incorporación a los procesos de la historia humana, lo que es en el fondo también un deseo soterrado de todos los bolivianos cuando miramos al mundo.

Volviendo a la realidad: es ahí donde no se puede confundir a la gente con detalles de que a este no, a este si, porque es t’ara o k’ara, porque viste asá o así. Tranquilos, que nos vamos todos, que hemos decidido irnos para abrir nuevos portales, dar paso a las nuevas generaciones y visiones. Esa debe ser la actitud, ese el mensaje, ese el convencimiento y también el compromiso.

No se trata de crear un vació etario, como sucedió en Ecuador con una consigna parecida hace unos diez años. No se trata como en Argentina, que tras similar pedido aparecieron Kischner y Menem para seguir haciendo un poco más de lo mismo. Se trata de abrir las puertas a un acortamiento de mandato para solucionar el desgobierno, para legitimar y recuperar un Presidente que presida la institucionalidad nacional y no como ahora, que está recluido y atrincherado entre sus más fieles, mientras el país hace lo que puede, cada quien por su lado y al albur de múltiples iniciativas. De eso se trata. Para conciliar criterios de participación indígena y de creación de las autonomías territoriales, de equidad y eficiencia, de empoderamiento popular y capacidad de gestión, de un nuevo texto constitucional, en definitiva, que se haga entre todos, con los que saben y los que pueden, para superar el bodrio escrito que nos ha presentando con muertos y abusos el gobierno del MAS.

Quien a estas alturas crea que Evo Morales puede ganar el referéndum revocatorio que el MAS y PODEMOS han concertado, no merece intentar conducir la oposición, porque no cree ni en sí mismo. El 54% de diciembre del 2005 es irrepetible, porque la decepción y el descontento de las clases medias en La Paz, Oruro y El Alto, la animadversión sin retorno de la “Media Luna”, el rechazo a los abusos del gobierno en Chuquisaca y Cochabamba, junto a la partición del voto en Potosí, sientan la base para asegurar una victoria del NO contra Evo Morales, que se hará sentir en el mundo entero.

¿REVOCATORIO O REVOLCATORIO?

Guardado por Julio Aliaga Lairana en su diario a las 1:09 pm del Sábado, 10, 05, 08

He escuchado decir que el referéndum revocatorio, propuesto por los prefectos hace un año, admitido por el Presidente hace meses, aceptado en la Cámara de Diputados, aprobado en la Cámara de Senadores, y promulgado por Morales Ayma hace una semana, no se realizará nunca porque no le conviene a nadie jugarse el pellejo de semejante manera, a cara o cruz, tan a todo o nada; sobre todo en el caso del Movimiento al Socialismo, cuyos dirigentes recién empiezan a conocer y a disfrutar de las miserables ventajas del poder que tanto alegran la vida de los espíritus simples, y se mostraban así, desencajados y muertos de sorpresa, ante el anuncio del Presidente Morales de entrarle a la votación y que sea la gente quien decida si debe quedarse o no.

Estamos de nuevo en etapa electoral, cuyos resultados no resolverán nuestros problemas, la verdad, pero puede ser que ayuden algo, si gana el NO y Morales Ayma se ve obligado a acortar su mandato y convocar nuevas elecciones generales adelantadas. No sería la primera vez que sucede, ya optamos por ese camino para salir del caos y desgobierno el año 1984, cuando D. Hernán Siles Zuazo tuvo que hacer lo mismo, aunque al pueblo boliviano le costó menos trabajo tomar la decisión, que se hizo en una “cumbre política”, entre los jefes y jefecillos partidarios de entonces. Ahora no hay partidos, jefes ni jefecillos, no hay cumbres, no hay acuerdos, la verdad no hay nada; bastaron pocos años para hacer tabla raza con la institucionalidad democrática y dejarnos a merced del “jefazo”, como dice Martín Sivak que ahora está de moda.

El proyecto del MAS, que es un proyecto, como una melcocha, entre indigenista y marxista y que ha dado como resultado discursivo una especie de nacionalismo étnico, más bien fascistoide, no ha logrado poner en marcha ningún programa de importancia para beneficiar a quienes dice representar y defender. Hace un par de días en el canal de Tv oficial, Amalia Pando se esforzaba para que su entrevistado le contara algo sobre lo hecho en contra de esta subida desmesurada de precios de los alimentos, que es la cara más cruel de la inflación; el entrevistado nada de nada, dele contra la oligarquía y los otros fantasmas que agobian la imaginería gubernamental, y contra el imperialismo ni se diga, pero de haber hecho algo como director de un programa para la seguridad alimentaria, no se ha hecho nada. Ese es el principal problema del gobierno, que no ha hecho nada, que no hay un programa en curso, de los planes de vivienda ni una casa, de los de educación ni una escuela, de los de salud ni una nueva cama hospitalaria, de microempresas cero, desarrollo laboral en absoluta bajada, de crecimiento de la producción en ninguna parte, de nuevas inversiones mejor ni hablamos, y así hasta no acabar nunca. Por eso este proyecto del nacionalismo étnico andino, rural, de origen y cultura sindical, premoderno y predemocrático, ha hecho aguas, no va más; esta reducido al apoyo de los más leales y obsecuentes en la ciudad del El Alto. El referéndum revocatorio es un respiro ante la falta de oposición, que les hace pensar a los del MAS que pueden lograr una victoria, es decir, un 46,26% del total de los votos para quedarse. La oposición tiene que lograr la hazaña de una cantidad superior a los 1.544.374 votos, que tienen que representar, al mismo tiempo, un porcentaje superior al 53,74% del total de votos validos, para obligar al adelanto de las elecciones generales.

La formula para decidir si se van o se quedan es poco clara, viene amañada y con ventaja. Lo correcto hubiera sido, como se hace en todos lo casos y en el mundo entero, la mitad más uno. Que ganó el SI, se queda a terminar de hundir la economía y a destruir lo poquito que sobrevive de institucionalidad democrática, hasta el 2010, que está a la vuelta de la esquina y tampoco es como para desesperarse. Que ganó el NO, se van a dar conferencias por el mundo explicando por qué la oligarquía y el imperialismo y cuatro familias poderosas no los dejaron gobernar, victimándose y haciéndole creer a la gente bien intencionada del planeta tierra que no fue la inoperancia, la incapacidad y la falta de gestión, lo que los llevó a este resultado catastrófico e imperdonable: el haberse farreado en dos años el apoyo popular y ciudadano que nadie se permitió tener en la Bolivia contemporánea. Pudieron haber hecho lo que quisieron, lo que pensaron y lo que soñaron, solo era cosa de saber concertarlo; no como ahora que están peleados con todos, o casi todos.

Veamos el tema de la confianza. Hay un pedido de renuncia de los vocales de la Corte Nacional Electoral, para elegir en concenso un nuevo grupo que tenga el aval de todos los involucrados, lo que quiere decir que la confianza en ese organismo está erosionada, de un lado y del otro, el nuevo vocal y Presidente de la CNE no da garantías respecto a su idoneidad y neutralidad; más allá de su voluntad personal que puede ser de las mejores, su imagen no da ya para conducir el proceso. Seguramente el gobierno podrá aducir también que las cortes departamentales no responden a la estructura nacional y que estarían parcializadas, lo que va a significar un segundo obstáculo para la realización del referéndum. Otro problema es la posibilidad real de fraude, así se supere el actual nivel de desconfianza; para evitarlo hay que evaluar por lo menos tres asuntos: a) el sistema de sufragio debe ser el mismo de siempre, la ciudadanía contando públicamente los votos en cada mesa y cada recinto; nada de maquinitas venezolanas que conviertan el NO en SI o a la inversa, dependiendo de la necesidad oficial, b) si se lograra habilitar el voto en el exterior (cosa que dudo debido a el corto tiempo) deben ser todos o nadie, sería sospechoso que se intentara solo en Argentina y no en Estados Unidos o España, por ejemplo, y c) el rango atareó del voto debe permanecer como está, el país no ha discutido, ni tendrá tiempo para hacerlo, eso del voto de menores de los 18 años. Solucionados estos temas, sigamos adelante.

O sea que con el 46% de los votos Evo Morales se queda. ¿Puede el MAS alcanzar este porcentaje de apoyo? Veamos a los números:

La Media Luna con Santa Cruz a la vanguardia ha demostrado que puede convocar a un 85% del voto a favor de su propuesta autonómica, lo que forma parte de la oposición dura al gobierno del MAS. Suponiendo que esa votación no incluye el descontento de los que se abstuvieron y que en los otros departamentos no existe un apoyo tan contundente al NO, podemos optar por un voto negativo superior al 65% como meta. Esta será una campaña sin fronteras departamentales para la Medias Luna, porque se trata de decidir en circunscripción nacional, como dice la ley de convocatoria al referéndum, para votar SI o NO al Presidente y al Vicepresidente (¡ojo!), por lo que los departamentos de la Media Luna podrán contar con el apoyo del liderazgo cruceño (y el tarijeño, que es menor, pero no menos importante) y la ventaja de estar calientes por la realización y la victoria autonomista en los sendos referéndums departamentales que deberán realizarse en el camino (que no vaya Morales a querer negociarlos en nombre de la posibilidad de revocar su mandato). Desde luego que las negociaciones políticas estarán limitadas a la realización de los referendums, para que quienes negocien tengan la legitimidad para hacerlo; todo intento de negociar ahora sería testimonial por la limitación de sis resultados.

Potosí, Chuquisaca y Cochabamba son departamentos divididos en sus opciones electorales. Chuquisaca vendrá de una elección departamental para Prefecto que seguramente le habrá otorgado una apretada, pero importante victoria a la oposición (a pesar de las esperanzas del MAS por reeditar una votación inalcanzable en Sucre, ya que su candidato está tercero en las encuestas, inclusiva por debajo de la candidatura de AS), lo que se tendría que reeditar en el referéndum revocatorio. Potosí y Cochabamba, partidos electoralmente en dos, deben aprovechar la existencia de sus liderazgos departamentales de oposición para mantener la mitad de los votos a favor de la Bolivia democrática, mestiza y moderna, que significa el NO del referéndum.

La parte más difícil está en las tierras altas, en La Paz y Oruro. Supongamos que en el peor de los casos nada se ha movido en las alturas, y que Oruro y El Alto mantienen tasas de apoyo al MAS como en las elecciones pasadas (la última general y la de constituyentes), lo que es mucho suponer, porque las encuestas dicen lo contrario; mucho más en la ciudad de La Paz, donde la decepción y el descontento son patentes e irreversibles, y dado que la mitad del padrón electoral de la provincia Murillo (24% del total nacional en términos del crecimiento constante de votos emitidos [VE]) está concentrado en la ciudad de La Paz, la tarea de la oposición consiste en garantizar una victoria del NO a Evo Morales en el centro y el sur de la ciudad, lo que es absolutamente posible.

Sinteticemos: a) Que la Media Luna {32% del padrón electoral [VE]} consolide una clara victoria del NO, superior al 65% de los votos válidos; b) que la división del voto se mantenga en Cochabamba, Potosí y Chuquisaca {26% del padrón electoral [VE]}, si posible a favor del NO, y c) manteniéndose el voto mayoritario pero disminuido a favor de Morales en los departamentos de Oruro y La Paz {42% del padrón electoral [VE]}, que el NO logre una victoria en tres zonas de la ciudad de La Paz (Sopocachi, Miraflores, Calacoto y aledaños). Es absolutamente posible, mientras que lo contrario es impensable, que el MAS crezca en la Media Luna, que evite la fractura del electorado en tres departamentos, y que consiga revertir el desencanto de las clases medias en La Paz y hasta en Oruro y El Alto. No se va a poder; ¡la historia estás con nosotros!

Finalmente hay que recalcar otros conceptos más bien cualitativos. Si leemos el mensaje cruceño no como la aprobación de un texto estatutario, con el que podemos estar o no de acuerdo (yo creo que es inaplicable, por ejemplo), sino como una reacción inevitable de la base sociológica de sustento crítico a la oposición (oposición a los abusos y excesos de un proyecto ruralista, arcaico, predemocrático y étnico), podremos encontrar y contener y organizar a la ciudadanía mestiza, transcultural, democrática y abierta a la inclusión social y la modernidad. En ese lugar de la geografía y la historia está el espacio para construir un futuro proyecto político no de aposición al MAS, sino de reconstrucción de la nación y sus instituciones. El referéndum revocatorio es un paso más en ese camino, y debemos entenderlo con la responsabilidad y madurez que tenemos acumuladas como sociedad para hacerlo.